martes, 10 de marzo de 2015

Gurú de fiestas.

El o la Gurú de fiestas es una especie en abundancia y, desde hace poco, lejos de estar en peligro de extinción. Es de hecho, uno de los pocos datos en positivo que hay en la España actual: mientras todo cae, los y las gurús de las fiestas aumentan exponencialmente.
Se trata de un ser humano cuya finalidad es vivir por y para la fiesta. Sin sorpresas en las encuestas realizadas por nadie, España es la región donde más variedades y más cantidades abundan. Aunque con metodologías absolutamente diferentes, y con resultados radicalmente alternos, los y las gurús de las fiestas tienen como objetivo dos metas claras: que empiece la fiesta y que siga por todo lo alto, al menos, hasta el amanecer. Absolutamente todos tienen como grito de guerra las variantes del “tenemos que salir de fiesta”.

Gurús Expertos: son los más comunes en España y se identifican gracias a unas conductas concretas de comportamiento. Los Expertos, curiosamente de una mayoría masculina, son aquellos Gurús que querrán instruir en el arte de la fiesta, la “party” y la marcha a aquellos y aquellas más reticentes a la misma, y se apoyarán en los fiesteros y fiesteras que estén de acuerdo con dicho Gurú. Esta instrucción será agresiva y cruel y apelará al “macho interior” de los hombres y a la “zorrilla interior” de las mujeres, todo desde el respeto que merece, aunque siempre hay excepciones y en este caso la excepción es la regla. Este Gurú no entenderá de disculpas y atribuirá todos sus actos al bien mayor, luego al bien de la fiesta. Este Gurú no necesita ser el centro de atención, e incluso apreciará que le dejen tranquilo, o tranquila, mientras charla animosamente, y ebriamente, con sus amigos. En todos los casos, buscará un lugar familiar y conocido para no tener que organizar gran cosa.

Gurús Organizativos: se trata de una variante que procede de los países anglosajones, aunque también está presente en nuestro país. Se dice de este Gurú que tiene más especímenes femeninos que masculinos, y mientras que hace veinte años tal podría haber sido el caso, actualmente se encuentra en un porcentaje 50-50. Este Gurú organizará la fiesta siempre en un lugar que haya visitado con anterioridad, pero no necesariamente un lugar familiar o conocido, y se encargará de que todo esté en orden durante el evento: proveerá distintos tipos de comidas y bebidas, diferentes áreas de recreación y, dependiendo de la clase social, llevará un DJ o simplemente una lista de reproducción en el Spotify que satisfaga tantos gustos musicales como pueda. Este Gurú abunda en generosidad y no permite que sus preferencias gustativas, sexuales, románticas, musicales o de cualquier otro tipo interfieran en el buen desarrollo de la fiesta. Estará atento a todos los comensales y no descansará hasta que el último invitado haya dejado la fiesta.

Gurús Narcisistas: este espécimen destaca por su escasez y, sin embargo, gran pompa y circunstancia. No le gusta organizar la fiesta, pero ésta ha de ser en su honor. Este espécimen, prácticamente limitado a las clases sociales más adineradas, contratará a gente que organice la fiesta por ellos y ellas y se limitará a deambular por la fiesta saludando a todos esos amigos y amigas que tiene y que le aman y veneran, para demostrar que es lo más. También ofrecerá galas de beneficencia para demostrar que a generoso no hay quien les gane, aunque los beneficiados de su dinero le importen un pito.

Gurús Inexpertos: estos son los más comunes en todo el mundo y, en cierto sentido, toda persona es un Gurú Inexperto. Son aquellas personas que consiguen que un grupo de gente salga de fiesta, a modesta escala. Modesta escala: entre 3 y 12 personas que están de fiesta entre 2 y 5 horas, con el toque de queda voluntario a las tres de la madrugada; en cuanto se exceda el número de personas y/o la cantidad de tiempo, ya entramos en los terrenos de los descritos anteriormente.



Por supuesto, estas declaraciones acerca de las y los Gurús de fiesta son absolutamente inventadas y no existen más que en el terreno de lo conjetural. 

sábado, 21 de febrero de 2015

Crónica de un premio descafeinado: Oscars 2015

Un año más se celebra la gala con más pompa y circunstancia del año. Y este año la pompa llega muy, muy pero que muy vacía; la circunstancia siempre es la misma. El año pasado fue mejor, había varias películas más que aceptables, tres buenas, un par muy buenas, por encima de los premios; pero este año está así: dos películas casi malas (al menos tienen la decencia de nominar cosas aceptables, pero están al límite), cuatro películas dentro del campo que deben tratar estos premios y dos películas que están por encima del resto, aunque no llegan al nivel de 12 años de esclavitud o El lobo de Wall Street.

Y las nominadas a mejor película son:

American Sniper (El francotirador). Qué has hecho, Clint. Pero qué has hecho. Sabía que iba a ser una americanada, pero joder, Clint Eastwood es Clint Eastwood es Clint Eastwood. Y nada, intenta reflejar la batalla interna del francotirador a la hora de disparar a un niño con una granada en la mano, pero nada. Intenta reflejar cómo le persigue la guerra a casa, pero nada. Bueno, la única secuencia interesante es la de Bradley oyendo la guerra y mirando la tele apagada, pero es facilona. Intenta hace un Zero Dark Thirty, pero nada. Intenta muchas cosas y no transmite ninguna, y un pavo que tiene 82 años (más o menos) debería haber aprendido que es mejor centrarse en una cosa, y no en muchas. O, si como Clint, ya tienes experiencia, pues joder, consigue transmitirme algo, aunque no sea todo. Es que animaba a los “malos” para que acabase la película antes.

Birdman (or the unexpected virtue of ignorance) [Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)]. Dirigida por Iñárritu, esta es la única película demasiado grande para estos premios (junto con Boyhood). Tanto el contenido como la forma (pedantemente hablando) son, como mínimo, buenos. El contenido está muy trabajado y quizá algo forzado para que case correctamente con su “virtuosa” forma de contarlo. Esta película hace las delicias de cualquier crítico-poeta de turno, elevándola al séptimo cielo y usando metáforas y expresiones similares a las que puedo usar yo. Pero lo cierto es que la película merece casi todos los elogios que la tiran, sobre todo en cuanto al reparto y a los movimientos de la cámara que, en mi humilde opinión, es un personaje más.

Boyhood. Esta película padece de una curiosa maldición benigna: es menos de lo que parece, pero parece menos de lo que es. Si te paras a pensar, el guión puede ser tanto una obra maestra (por su gran y fidedigno reflejo de la vida de un niño blanco americano) o un gran batiburrillo de anécdotas sin gracia o trascendencia en la vida de un niño blanco americano. Por supuesto, mi extremismo en cuanto a tolerancia opina que el guión no es tan malo, pero que en ningún momento es tan bueno. De hecho, lo mejor que ha hecho Linklater es conseguir que el guión de la película nos la sople de tal manera que solo queramos jugar a adivinar cuándo se rodó qué, y admirar el trabajo de continuidad durante los doce años que duró el rodaje. Idea: un documental sobre la película que se llame “12 años de esclavitud”.

The Grand Budapest Hotel (El gran hotel Budapest). Personalmente, opino que este es el gran puff del año. Y mira que me jode. Es una película entretenida, eso no lo dudo, pero pudiendo haber premiado a Wes Anderson por Moonrise Kingdom, que me vengan ahora con esta película a la que le sobran actores por todos los costados y con un surrealismo tan apegado a la realidad que apenas puedes disfrutar de los momentos genuinamente buenos, me toca las pelotas al por mayor. No es mala, no es mediocre, pero tampoco es de premio.

The Imitation Game.  Por qué, señor, dejas que a los académicos les pirren los biopics sosos, pero que tienen buena intención y buenas ideas. Aquí les sale mal casi todo. Benedict lo hace bien, pero no tanto. A penas se me ocurren cosas malas que decir, pero tampoco cosas buenas. Está bien, punto. No ganará, y si lo hace… desterraré por siempre a los Oscar, porque sería una pequeña gota que colmaría un vaso llenado durante muchos años.

Selma. Hay ciertas ironías alrededor de esta película y la más importante de ellas es que está nominada a mejor película pero no al resto de categorías gordas. Por otro lado, The Imitation Game sí lo está. Objetivamente hablando, esta película es mucho más poderosa, templada y sólida que la anterior; pero nos encontramos ante una diferencia abismal: esta película no tiene un actor de moda (a pesar de que lo hace mejor que bien) ni caldea la moral británica en vez la moral americana. Y es que la directora de esta película ha sido ninguneada en la categoría de dirección y su lugar lo ocupa un hombre tan blanco como el más báltico. Esta película merecía un poco más de presencia, y un poco menos de condescendencia por parte de los académicos. Es la prima pequeña de 12 años de esclavitud, mucho más amable.

The Theory of Everything (La teoría del todo). Esta película se sustenta única y exclusivamente en la actuación de Eddie Redmayne, apoyado por el resto de actores y actrices, pero es él el que mantiene en pie una película mucho más contenida de lo que podría haber dado un relato sobre el científico con la historia de superación física más aplaudible desde que Demóstenes consiguiese dejar de tartamudear (basado en hechos reales, pero esto es una broma, por si no lo pilláis). Esta es la película perfecta para los Oscar, y quien diga lo contrario se engaña a sí mismo/a. No me gusta que esta película sea el prototipo perfecto de los premios, pero es lo que hay.

Whiplash. Preparaos para la mayor paliza física que os llevéis en una sala de cine (o en vuestras casas), porque el chaval no para de aporrear baterías en toda la película. J.K. Simmons se come a Miles Teller una y otra vez, cada vez que aparece en pantalla. Aunque siendo realistas, hasta la figuración más desenfocada de la película se come a Miles Teller. Es una película que algunos llamarían poderosa, con fuerza y garra; pero yo prefiero ser simple y decir que es un peliculón, dentro de su fragante fallo en la elección del protagonista que, si bien no me cae mal, me parece poco carismático el chico.


Mis premios.

Mejor película: Birdman (or the Unexpected Virtue of Ignorance) (o la inesperada virtud de la ignorancia).

Mejor dirección: Richard Linklater por Boyhood.

Mejor actriz: Rosamund Pike por Gone Girl (Perdida).

Mejor actor: Eddie Redmayne por The Theory of Everything (La teoría del todo) y Michael Keaton por Birdman. Ex aequo, lo siento, no puedo elegir uno.

Mejor actriz secundaria: Emma Stone por Birdman.

Mejor actor secundario: J. K. Simmons por Whiplash.

Mejor guión original: Dan Gilroy por Nightcrawler.

Mejor guión adaptado: Damien Chazelle por Whiplash.

Mejor película de animación: How to Train your Dragon 2 (Cómo entrenar a tu dragón 2). Es la única que he visto, lo siento.

Mejor película de habla no inglesa: Relatos Salvajes. Es la única que he visto, lo siento.

Mejor fotografía: Emmanuel Lubezki por Birdman.

Mejor montaje: Sandra Adair por Boyhood.

Mejor banda sonora original: Hans Zimmer por Interstellar.

Mejor canción original: Lost Stars de la película Begin Again.

Mejor diseño de producción: Nathan Crowley y Gary Fettis por Interstellar. Aunque estoy en tercero de CAV y aún no sé qué significa exactamente.

Mejor vestuario: Milena Canonero por The Grand Budapest Hotel (El gran hotel Budapest). Es la única que he visto, lo siento.

Mejores efectos especiales: Paul Franklin, Andrew Lockley, Ian Hunter y Scott Fisher por Interstellar.

Mejor maquillaje y peluquería: Elizabeth Yianni-Georgiou y David White por Guardians of the Galaxy.

Mejor edición de sonido: Martin Hernández y Aaron Glascock por Birdman.

Mejor mezcla de sonido: Craig Mann, Ben Wilkins y Thomas Curley por Whiplash.


No me matéis, sólo es mi opinión. Y tengo que trabajar con lo que me puedo. Pues hala, os dejo en paz.