sábado, 28 de mayo de 2016

La Paradoja Whedon.

Cómo intentar ser feminista y que te estalle en la cara en el intento.

Es cierto que, a la vez que una cantidad ingente de haters -palabra que detesto por su extremismo- que condenan a Joss Whedon por sus historias, personajes o, simplemente, por existir, hay una gran cantidad de fans acérrimos e incondicionales que siempre apoyarán el trabajo de este guionista y director estadounidense. El éxito de su primera serie, Buffy, the Vampire Slayer, y la trayectoria de un camino pedregoso que sufrió con sus siguientes series (todas, a excepción de la mini-webserie Dr. Horrible’s Sing-Along Blog han sido canceladas de forma más o menos brusca) le han catapultado a algo así como un dios del nerd de a pie que siempre quiso ver una segunda temporada de Firefly. Buffy, además, está considerada por mucha gente como una de las primeras grandes (súper) heroínas del siglo XXI (aunque nació a finales del XX) y un icono del feminismo de finales de los 90. También Whedon fue el responsable de que, por primera vez en la historia de la televisión, dos mujeres se besasen en pantalla (después de un largo camino de noviazgo casi platónico).

Paradoja Primera Fase: buenas intenciones, mal resultado.

La paradoja Whedon comienza su andadura con el estreno de Avengers: Age of Ultron, cuando un abrumado y agotado Joss Whedon ofreció uno de los peores arcos de Black Widow y Hulk. Es innegable que el trazo con el que escribió y desarrolló la relación de ambos personajes hace aguas por todas partes y tiene muchas deficiencias difíciles de justificar, pero hay que tener en cuenta que este arco está inmerso en una película en la que contamos con nada menos que 10 personajes con arcos (casi) completos, amén de unos cuantos secundarios con bastante importancia. ¿Resultado de emparejar a Banner y Romanoff? Aluvión de críticas, comprensibles, y el inicio de un absoluto desangrado de la película, con análisis exhaustivos de los personajes y de la película, algo que nunca viene mal. ¿Problema? Que un gran sector del fandom empieza a insultar a Whedon, tachándolo de misógino.

Bien, ¿os habéis perdido? No pasa nada, yo tampoco sé muy bien dónde dibujar la línea entre machismo y misoginia (creo que son básicamente la misma cosa) ni cómo un auto-declarado feminista puede recibir tantas críticas del sector feminista de los fandoms diciendo que, en realidad, es misógino. Espera, sí que lo sé. Os contaré lo que ha hecho con Natasha “Black Widow” Romanoff porque realmente tiene tela. El personaje que interpreta Scarlett Johansson lleva en activo en el MCU desde Iron Man 2, donde era un personaje secundario del ego mastodóntico de Robert Downey Jr. Tony Stark, y de ahí ascendió a miembro de los Vengadores en la primera película (también escrita y dirigida por Joss Whedon, por cierto). Bien, en estas dos películas sus arcos consisten en pasar de cara bonita secretaria del protagonista a asesina a sueldo metida a agente de SHIELD, con poca empatía o humanidad, y en la siguiente pasa de asesina a sueldo metida a agente de SHIELD a heroína (porque no es súper) con un mejor amigo (que tampoco es súper y tienen una relación de amistad platónica) que le ayudó a dejar de ser asesina a sueldo y a encontrar su humanidad. WHAT, ¿OS ESTOY DICIENDO QUE JOSS WHEDON HUMANIZÓ A LA VIUDA NEGRA? Sí, no hace falta que gritemos. Mini-punto para Joss, ¿no? Pasar de femme fatale a heroína con atisbos de humanidad es un buen arco, ¿no? Bueno, quizá habría sido mejor si no hubiese sido un hombre quien la ayudó a huir de su pasado, pero no podemos pedir peras al olmo. Después de este arco, Natasha vuelve a ser side-kick de otro súper, esta vez el Capi. Esta película es probablemente la que mejor trate a su personaje, pero porque no le dan un conflicto real, sino que la usan para ser el contrapunto de Steve y ni siquiera le ofrecen el papel de side-kick real, que acaba yendo a otro hombre, Sam Wilson. Es muy probable que esto descolocase por completo a Joss Whedon a la hora de enfrentarse al conflicto que tenía que darle a Natasha y su arco. Ya no podía humanizarla, porque ese arco lo cerraron los hermanos Russo en la segunda entrega del Capi (bastante bien, he de añadir), pero sí podía hacer una cosa más. Podía traumatizarla, es decir, podía ir al conflicto inicial de su personaje; podía ir al asesinato de los padres de su Batman, a la muerte del tío Ben de su Spider-Man, al síndrome pos-traumático de su Iron Man. Después de que su humanización estuviese completa, Whedon quiso mostrarla somos las personas (mujeres, hombres o cualquier otra identificación), vulnerables. Y aquí le salió el tiro por la culata. Hizo que se enamorara del personaje menos indicado (Maria Hill, Sam Wilson y Rhodey habrían sido mejores elecciones, por ejemplo), le escribió un escena TAN ambigua y TAN ambivalente que provocó que mucha gente creyese que Whedon decía que Natasha era un monstruo porque no podía tener hijos cuando quería decir que era un monstruo porque le había quitado la elección (o al menos esa es mi opinión, pero admito que es debatible cuanto menos), convirtió a Natasha en dama en apuros y, básicamente, le hizo mucho daño a través de las regresiones mentales con las que Scarlet Witch les atacó. ¿El detalle que hizo que denominasen a Whedon de misógino? Una broma claramente misógina de Tony, el personaje que desde el minuto uno de su primera película queda claro que es misógino.

Paradoja Segunda Fase: los suplentes salen al ruedo.

La paradoja concluyó su andadura con el estreno de Captain America: Civil War. Después de que Joss Whedon la cagase en Age of Ultron (sí, en esta película la historia pierde enteros ante la espectacularidad, tal y como Marvel quiere, y esta vez Whedon no fue capaz de escribir los personajes de manera adecuada ni acertada), los Russo han querido demostrar ser los mejores substitutos para la tercera y cuarta entrega de los Vengadores con esta reunión vengadora. Y señor, qué machismo. Recuento. Super-heroínas nuevas presentadas en Age of Ultron: una. Super-heroínas nuevas presentadas en Civil War: cero. Super-héroes nuevos presentados en Age of Ultron: dos (uno muerto). Super-héroes nuevos presentados en Civil War: dos (los dos vivos). Mujeres maltratadas y mal tratadas en Age of Ultron: una. Mujeres maltratadas y mal tratadas en Civil War: tres. Sharon Carter se convierte en una herramienta heteronormativa que no tiene ni sustancia ni esencia, por no decir que es básicamente un par de labios andante; a Scarlet Witch le quitan el dolor por la muerte de su hermano para reemplazarlo por poca autoestima que se encarga de intentar remediar Vision (intereses románticos el uno de la otra y viceversa porque los cómics lo dicen pero que la química demostrada es sólo ligeramente mejor que Banner-Romanoff); y a Black Widow le quitan de sopetón TODA la humanidad que tenía y la vuelven a transformar en una asesina pragmática que se alía con la última persona que se aliaría. Misoginia segregada por Tony en Age of Ultron: un chiste. Misoginia segregada por Tony en Civil War: TODA una escena con la tía May de Peter Parker.

Paradoja Tercera Fase: mejor machista callado, que feminista pronunciado.

¿Y por qué a Joss Whedon lo llaman misógino pero a los Russo y Markus y McFeely, no? Muy sencillo. Joss Whedon es el único que públicamente se ha considerado feminista. Y considerarte feminista siendo un hombre sólo te pone un objetivo en la espalda que atrae las críticas por todos lados como moscas a la mierda, o simplemente te ponen el listón más alto. ¿El delito de Joss Whedon en Age of Ultron? Apostar y perder en la creación y desarrollo de la película, con todas sus cartas sobre la mesa (es decir, la carta feminista). ¿La virtud de la gente detrás de Civil War? Tener la audacia de no considerarse feministas para que el mínimo esfuerzo les valga elogios (es decir, apostar menos y guardarse sus cartas).


Como conclusión, si habéis leído hasta aquí, decir que NO defiendo lo que ha hecho Whedon con Natasha en Age of Ultron (lo critico), pero sí defiendo que el baremo por el que la gente mide a los declarados feministas es diferente que por el que se mide al resto. Y esto me hace negar mis propios principios feministas para poder escribir y dirigir y hacer lo que quiera sin que me digan que soy un “mal feminista”. Así que después de manifestar mi opinión sobre esta paradoja, me callo; porque mi trabajo como hombre feminista es callar y escuchar al resto. Pero maldición, a veces necesito expresar mi opinión.