domingo, 10 de agosto de 2014

Libertad

Pongamos que estás desayunando, ¿vale? Digamos que, aparentemente, estás desayunando bien, lo de siempre, lo habitual. Ya sea una simple taza de café o un desayuno de primero, segundo y postre, tienes que empezar y acabar, ¿no? Pues bien, pon que empezaste a desayunar bien, con hambre (o no, pero ya tienes la costumbre de desayunar y tampoco quieres empezar el día con el estómago vacío o privándote de un té humeante bien sabroso) y sin nada raro. Ahora bien, llega el final del desayuno, te falta nada más que medio vaso de leche con cola cao y medio pan de leche y empiezas a sentir un cosquilleo en la nariz. Aguantas el estornudo porque estás masticando un trozo de ese bollo industrial que tanto te gusta y sufres bastante, pero da igual porque no quieres poner la mesa perdida. El problema, es que con el estornudo viene un moco escurridizo que se desliza por el  techo de tu fosa nasal hasta que está en el borde. Ya solo te queda beber la mitad del vaso y habrás acabado. ¿Qué hacer? ¿Me levanto y cojo un pañuelo y me sueno la nariz? ¿Me arriesgo a que el moco se caiga en la leche? Pues no haces ninguna: levantas la cabeza levemente, para evitar que el moco caiga y te llevas la taza, o el vaso, a la boca sin mirar. Consigues atinar y beberte la leche, o el té, o el café, sin derramar una sola gota. Pero el moco sigue ahí y el cosquilleo provoca que quieras estornudar otra vez. Entonces piensas que, antes de eso, deberías recoger la mesa, así que llevas los trastos a la cocina rápidamente, respirando por la boca y mirando un poco al techo. Por fin, eres libre de coger el pañuelo y soplar muy fuerte. Y lo que sientes, piensas, es un alivio tan brutal que te atreves a compararlo al placer del orgasmo sexual, al placer del dolor de la agujetas y al placer de dormir cinco minutos más sin remordimientos de conciencia. Y, piensas, que, de hecho, es mucho más placentero que todo eso junto; porque por fin respiras, por fin la nariz deja de hacer cosquillas y sus paredes están secas y libres de mocos. Y eso, queridos amigos, eso es libertad.

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