viernes, 12 de abril de 2013

Mi aire

Resuenan las trompetas,
retumban los temblores
y siento los tambores.

Ábranse las puertas del infierno
y déjenme entrar.
Ese es mi destino, es mi aire
y nadie me lo arrebatará.
Ni tú, ni yo, ni los demás.

Doy tumbos en la oscuridad
pero, en realidad, 
anhelo sentir y caminar 
en la más pura claridad.

Mezclo mil cruzadas, emprendo una campaña.
Te conquisto desde la taberna
y me arrepiento de mis penas.
Ese es mi destino, es mi aire
y nadie me lo arrebatará.
Ni tú, ni yo, ni los demás.

Abro las ventanas de mi soledad
y encuentro la gravedad.
Y caigo.
Me resbalo por entre las tinieblas
y allí encuentro la serenidad. 
Cierro la puerta de la verdad. 

Callan las trompetas,
cesan los temblores
y no palpo los tambores.

Aporreo al Can Cerbero,
sin piedad,
soborno al barquero
e imploro a los verdugos.

Pero no, no me dejan entrar.
Me mantienen vivo, y respiro.
Suspiro.
Ese es mi destino, es mi aire
y nadie me lo arrebatará.
Ni tú, ni yo, ni los demás.




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