miércoles, 17 de abril de 2013

Zingus, diosa palabra


¡Oh, Zingus! ¡Hablo te yo, humano, en súplica! Ten piedad. Sé benévola, las palabras son un arma de extraño mecanismo. Conquistaste todos los terrenos, apareces por doquier. Destruyes, creas, caminas. No te hagas la inocente, eres muerte. Todos somos tus míseros súbditos, no has esclavizado. Una palabra, y el futuro cambia, el destino se tuerce, las ánimas enloquecen.

Y, sin embargo, eres vida. Una palabra, y el futuro brilla, el destino se restablece, las almas no dejan de penar encerradas en las cárceles de carne y hueso. Das salida a nuestro ser más interior, nos sacas a la luz. Nos dejas amar y sentir de una forma vívida y magnífica. Consigues que te idolatremos gracias a tu magia incesante, perpetua y tricolor.

Mas no. Moras en nuestro interior, alimentándote de nuestras ganas de hablar, de escribir y de soñar. Eres un gran parásito que necesita fe. Eres una diosa, pues necesitas creencia ciega y amor puro; y si no lo consigues, te desvaneces en las tinieblas. Pero has de saber que resistimos, no minamos el esfuerzo, y seguimos creyendo en la imagen, en el tacto. Las palabras son eso, palabras, y el reflejo de algo que no puedes controlar. Nunca más gozarás de la categoría divina, pero permanecerás en mi corazón alimentándote de mis palabras. Engullendo esas palabras que siempre callo, nutriéndote de las palabras que siempre escribo.

¡Oh, Zingus, cuánta mentira hay en ti, cuánta verdad escondida! 

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