viernes, 10 de mayo de 2013

Salvaje y fácil


Intentas comprender las razones, el por qué. No entiendes nada. Miras la carretera, vacía, desierta. Te preguntas cuándo, cómo. Las respuestas no llegan. Primos cabalgas sobre metal y carburante, sobre la vibración de la velocidad. Sientes el viento en la cara. Olvidas por un momento, te sientes libre. Pero en seguida la monotonía del motor penetra en tu mente. Y de nuevo llegan las preocupaciones. Intentas entender las razones. Pero no puedes. Aumentas la velocidad. Pero sigues pensando, quieres no sentir. Entonces, vuelves a caer. Coges la hierba, la coges y viajas. Muy lejos, muy lejos. Sigues pensando, aunque ya no entiendes ni el problema. Y de repente todo se reorganiza. No entiendes la ignorancia de los demás, no entiendes cómo los demás no entienden tu punto de vista. Creen que eres un salvaje, que naciste así. Demasiado brutal, demasiado animal. A pesar de todo, les compadeces. Pero, sin comerlo ni beberlo, el problema acaba contigo. Sin sentirlo, de repente no existes, has realizado el último viaje. 

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