lunes, 1 de febrero de 2016

Lourdes Murillo y el Hermano Desconocido: Parte II

[Fanfiction del universo Harry Potter] [Previously http://cineyotroscuentos.blogspot.com.es/2016/02/lourdes-murillo-y-el-hermano.html]

Esto no puede estar pasando, pensó Lourdes mientras caminaba con Veva hacia el psiquiátrico en el que estaba su madre. No se podía creer lo que le había contado esa chica. Iba a tener que dejarla en el psiquiátrico con su madre, sin duda. ¿Su hermano un mago? No, no se lo podía creer. Pero quería creérselo, quería creer que su hermano estaba vivo. Veva le había explicado que estaba gravemente enfermo, y que solo una poción muy poderosa y difícil de hacer podía salvarlo. Y para poder hacerla había que usar sangre fraternal fresca y recién extraída del sujeto; al menos con cinco gotas valían, no había que drenarla. Veva le había dicho que eso era un alivio porque algunas pociones requerían mucha más sangre, aunque en general era sangre de animales, mucho menos valiosa que la humana a la hora de hacer ese tipo de pociones, y la sangre fraternal era un tipo de sangre lo suficientemente compacta como para permitir al donante la supervivencia.

Bueno, ahora llegas al psiquiátrico y les preguntas si pueden ver a Veva, pensó Lourdes. Veva había accedido a ir con ella al psiquiátrico a visitar a su suegra, pero le imploró que luego pusiesen rumbo inmediatamente hacia el colegio de magia. ¡Colegio de magia! El torrente de imágenes de los libros de Harry Potter y sus películas no había parado de pasar por delante de sus ojos desde que había decidido tener serias dudas acerca de la locura de la tal Veva. Sin duda tenía sentido lo que decía, siempre y cuando aceptase que la magia existe y lo que creía que era ficción era en realidad verdad de la buena.

Llegaron al psiquiátrico y todos los presentes confirmaron la existencia de Veva, lo cual no le extrañó, ya que todos en el supermercado la habían visto, pero sintió que al confirmar la existencia de Veva confirmaban la existencia de la magia, y no sabía si llorar de alegría o tener directamente un ataque de pánico. Pasó a hablar con su madre, y le dijo que iba a tomarse unas pequeñas vacaciones y que si todo salía bien volvería con alguna buena noticia que otra, aunque omitió la parte de que su hermano era un mago gravemente enfermo, por si eso era todo un producto de su imaginación, al fin y al cabo había precedentes de problemas mentales en su familia.

“¿A dónde vamos?”, preguntó Lourdes cuando ya estaban esperando al metro.

“A una isla en el norte de España, ahí es donde está el colegio”, respondió Veva con obviedad.

“¿El colegio está en una isla?”

“El colegio es la isla.”

“¿Y cómo vamos?”

Veva tardó en responder.

“¿Tienes coche? Es que no puedo usar magia y he venido haciendo dedo desde la costa, allí podemos coger una escoba, pero no me atrevía a volar tierra adentro por si me veía alguien… o me caía.”

“Tengo coche”, respondió Lourdes, “aunque hace mucho que no conduzco.”

“Pero tienes permiso para conducir, ¿no?”

“Sí, tengo carnet.”

El resto del trayecto lo pasaron en silencio. Observando más detenidamente a Veva se dio cuenta de que sus ojos hablaban mucho más que ella. Eran profundos y estaban inquietos, estaban llenos de miedo, pero un terror totalmente diferente al de Jorge. El terror de Jorge era un terror excitante y expectante, que esperaba lo peor pero sin ser el fin del mundo. El terror en los ojos de Veva era mucho más complejo y verdadero, era un terror incierto, que no sabía qué le depararía el futuro, no sabía qué esperar. Lourdes pensó que Veva debía querer mucho a su hermano, pero se dio cuenta de que más que terror a que muriese, debía ser miedo a que la pillasen. Por lo que le había dicho, el castigo en España era mucho peor que el castigo de los libros de Harry Potter.

Lourdes subió a su casa y empezó a meter cosas en una mochila. Cogió ropa para cambiarse, los libros de Harry Potter y metió también un par de cuchillos de cocina por si acaso.

El viaje en coche estuvo presidido por un silencio tenso, pero amistoso. Claramente Veva tenía demasiado con lo suyo como para que Lourdes ahora empezase a acribillarle con preguntas sobre magia, así que se limitó a respetar el silencio y dispersar sus preguntas a lo largo del viaje. Sin embargo, necesitaba preguntarle sobre su hermano.

“¿Cómo se llama?”, preguntó al poco de empezar el viaje.

“¿Quién?”, Veva parecía distraída, “ah, sí, Iván.”

“¿Y cómo es?”

“Es un gran tipo, le apasionan las criaturas mágicas.”

“¿Y cuánto lleváis saliendo?”

“¿Eh?”, Veva no parecía querer participar mucho de la conversación y ella misma se dio cuenta de ello, “perdón, estoy intentando pensar un plan para meterte en el colegio pero me cuesta mucho pensar.”

“Perdón, no quería molestar.”

“No, no, no molestas”, se apresuró a decir Veva, algo avergonzada, “me cuesta pensar en general, pienso muy rápido y durante poco tiempo en una misma cosa, me cuesta concentrarme. Llevamos un año.”

Se hizo el silencio, y Lourdes puso la radio.

“¡Radio muggle, qué rara!”, Veva parecía haber resurgido de su apatía.

“Creía que vuestra radio funcionaba igual que la nuestra.”

“Funciona igual, pero habláis de cosas muggles”, una sonrisa se había dibujado por primera vez en la cara de Veva, “siempre tuve curiosidad de leer la versión muggle de la biografía de Harry Potter también, para ver si hablaba también de cosas muggles.”

“Los he cogido, están en la bolsa ahí atrás. Coge uno si quieres”, dijo Lourdes.

“Vale, gracias.”

Y Veva leyó el resto del viaje. Solo levantó la cabeza para dar instrucciones, y de vez en cuando soltaba unas risotadas muy fuertes. Lourdes no sabía si era por la horrible representación de la biografía o porque entendía las bromas que ella había entendido y que, por lo tanto, debía ser humor muggle.

Al parecer el colegio debía estar en algún lugar al norte de Cantabria, porque llegaron a un pequeño pueblo llamado Castanedo para  a pasar la noche. Veva le dijo que conocía una posada muggle que estaba acostumbrada a hospedar magos, aunque no de forma tan habitual como para que la policía mágica tuviese un puesto permanente, y fueron allí. Llegaron a las diez de la noche y Lourdes estaba segura de que no habría sitio. Pero no contó con que era finales de Enero y que era temporada baja no, lo siguiente.

La posada no era muy grande, tenía unas seis habitaciones y dos apartamentos aparte y estaba cerca de una granja, rodeada de campo y cultivos de maíz. Veva tenía una cantidad ingente de dinero, aunque parecía no saberlo, así que pudieron pasar la noche en un apartamento con dos habitaciones. Justo cuando Lourdes iba a decirle a Veva que no tenían comida, ésta saco de su pequeño bolso una pata de jamón y varios alimentos.

“Si querías que me creyese que eras maga tendrías que haberme enseñado eso lo primero”, dijo boquiabierta Lourdes.

“Bruja.”

“¿Perdón?”, Lourdes se achantó.

“Que soy una bruja, no una maga.”

“¿Cómo que no eres maga? Si mi hermano es mago, tú también.”

“Yo no puedo ser maga y él no puede ser brujo. Es una estúpida tradición basada en un una estúpida traducción del inglés.”

“Pero eso es sexista.”

“Es el país en el que vivimos. Incluso en Hogwarts han empezado a usar witch y wizard para gente del género contrario. Pero vivimos en un país retrógrado. Se supone que yo tendría que odiarte ahora mismo, porque odiamos a los muggles”, dijo Veva, enfadándose según hablaba.

“Otra palabra heredada del inglés, ¿no?”

“Sí”, dijo amargada, “y todo porque teníamos que imitarlos en todo, allá en la Edad Media, les imitamos tanto que los muggles tuvieron que crean la Inquisición para pararnos los pies.”

“¿Apoyas a la Inquisición?”, preguntó asombrada Lourdes.

“¡No!”, dijo Veva, tan colorada como su pelo, “¡sólo digo que entiendo que la empezasen! Empezó como una organización para cazar brujas y magos porque había asesinatos en masa casi todos los meses, pero eso acabó en guerra entre vosotros porque nunca creéis que la magia exista.”

“Yo creo en la magia ahora.”

“No. Crees que tu hermano está vivo, y por eso aceptas la magia.”

Lourdes aceptó su argumento en silencio porque, aunque cada vez le costaba más negar la existencia de la magia, sobre todo después pimplarse casi sola el jamón pata negra más rico de la historia, lo que más quería creer era que su hermano estaba vivo.

Cuando acabaron de cenar, hablaron un poco más del racismo y el sexismo que hay en España, tanto en la muggle como en la mágica. Por ejemplo, le asombró a Lourdes que el colegio de magia español hubiese cogido Hogwarts como modelo a seguir y diferenciase a los magos y brujas en cuatro casas: los sangre-sucia, los mestizos con padre muggle, los mestizos con madre muggle, y los sangre-limpia. Veva dijo que se iba a leer, porque le estaban apasionando los libros, mucho más entretenidos que las biografías aburridas de Harry Potter y toda la gente que participó en la historia.


Esa noche, Lourdes estuvo casi una hora dando vueltas en la cama, pensando en cómo había empezado el día y cómo lo había acabado y, con el temor de que al despertar todo hubiese sido un sueño, cayó en los brazos de Morfeo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario