domingo, 27 de abril de 2014

La Epopeya Original III

III
La magia blanca existió y fue posible
y Ella vino veloz, presta y rauda;
utilizó una magia antaño punible
pero pura, de sepultura lauda.

Abrieron se el cielo y las nubes,
aparecieron se los ángeles y cupidos;
todos armados con grandes ubes,
y desmantelaron el amor maldecido.

La batalla sangrienta fue preparada,
los dos bandos se armaron con presteza:
la Luz por la Princesa comandada
y en la oscuridad, ¡tenebrosa fiereza!

El amante preso sufrió de tortura,
a pesar del pacto con dicho diablo;
y el pobre fantasma perdía la cordura
según veía arder el lustroso establo.

Las flechas del amor fueron devueltas;
por el tesón y resistencia de los amantes,
los cupidos se rindieron a cuentas
de la pureza de nuestros queridos dantes.

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